Ayer fue el gran día, era la legendaria banda que me había acompañado por años, toda una vida escuchando sus canciones, leyendo sus letras, cuantas historias, cuantos carretes, cuantas épocas de embriagues, cuantas noches durmiendo escuchando el master of puppets, cuantas frustraciones e ideas peligrosas apagadas, sofocadas con esos estruendosos sonidos. En fin, una larga espera.
Con mi hermano nos alistábamos a salir a eso de las 2 de la tarde, no nos preocupaba la hora, sabía que veríamos todo el show mucho mejor de lo que pensábamos, si hay confianza, hay soluciones. Al juntarnos con mis amigos recibí las burlas sobre el hecho de que mi ex novia se había ganado un meet and greet con la banda, sonreí, y pensé: “se lo merece” (si, tratando de alejar de mi ser la envidia que evidentemente asecha con sus tentáculos pero que combatido junto a otros tantos demonios). Pero los planes iban sobre las ruedas que habíamos diseñado.
Nos bajamos en el centro de Maipú a comprar unos bebestibles, los que disfrutamos riendo y conversando como en los viejos tiempos en la micro. Llegamos a eso de las 3 al parque O`Higgins para bajar los bebestibles que nos quedaban y de ahí marchamos a la batalla que se libraría en el Club Hípico, y vaya batalla que más tarde se pelearía. Al llegar y pasar los controles nos situamos muy cerca de la primera barrera, ayudados por el grupo de los compañeros de universidad de un amigo, éramos un grupo grande. Con el ir y venir de las masas de gente a mi hermano chico le comenzó a sangrar la nariz, ja! En el momento!, pero bueh, el tema había que solucionarlo, le pregunté si quería que lo llevara a enfermería y dijo que si, porque la hemorragia era de proporciones más el agua, la sangre se había esparcido por toda su cara dando un aspecto grave. Lo pasamos hacia el guardia para que lo llevara a enfermería y quedamos de acuerdo que, ante cualquier cosa, nos encontraríamos en un logo de un canal de televisión que estaba casi a final de la cancha. Al pasar un rato, suena el celular, era Felipe, avisando de que se tendría que devolver y que le hiciéramos señas con una bandera que llevábamos para que nos pudiera ubicar, así lo hicimos y en eso llega un guardia que pregunta quien se llamaba Ariel, levanté la mano y me acerqué para ver qué haríamos, el guardia me explicó de que si devolvíamos a mi hermano a la cancha, lo más probable es que la nariz le volviese a sangrar así que la otra opción era que nos fuéramos al final de la cancha, donde había menos gente. Rayos! Era el recital de mi vida y tendría que estar al final!, pero no todo estaba perdido, aún no. Accedí a pasarme para que, con el pendex, nos posicionásemos en el final de la cancha, en el camino le expliqué al guardia de que era su primer recital (refiriéndome al pendex) y que habíamos madrugado para poder tener esa ubicación y que si no había forma de quedarnos por ahí, para al menos, poder ver el show como es debido. El guardia habló con un supervisor para plantear la posibilidad de que nos dejaran en tribuna (entrada que tenia dos veces el valor que habíamos pagado), argumentando de que nos encontrábamos en cancha VIP pero que a mi hermano le había subido la presión por el exceso de gente, el supervisor aprobó el que nos quedáramos en tribuna, la poniente. Así que ahí, con agua fresca (un lujo impagable en ese tipo de eventos masivos cuando uno está en medio del perraje) , algo de sombra y espacio suficiente como para recostarse, esperamos que subieran al escenario los cuatro jinetes.
El momento esperado
Las luces se apagaron del fondo, en las pantallas, aparecían escenas de la película “el bueno, el malo y el feo”, de donde es la canción del intro de los recitales de Metallica, the ecstasy of gold, el publico coreaba, mi estomago se revolvía como si en mi cabeza volvieran las imágenes de aquellos sueños, de aquellos tiempos, mi cuerpo tiritaba como si un iceberg estuviera sobre mi y el agua cayera sobre mi rostro disfrazadas de lagrimas, mis ojos hablaban, expresaban el pensamiento de: “aquí estás, wn, por fin”. Esto era un sueño, no había realidad tan magna como para que se presentara ante nosotros, mi hermano me abrazó y coreamos lo que quedaba de tema. Comienza a sonar Creeping Death. El resto estará guardado para siempre en mi memoria y, de seguro, en la de mi pequeño hermano, el pendex.
Y así conociendo gente de Viña, de Valparaíso y de Valdivia pasó aquella tarde, la tarde donde a la manera de un fanático presente en aquel evento, agradecí a metallica al igual que los miles que estábamos, el habernos entregado su hermosa música todos estos años.
Ahora a preparar el viaje, me alejo de esta ciudad asfixiante, me retiro para conocer y limpiarme de la basura que a veces pone sus garras sobre la gente, me retiro para ser yo mismo, para renovar energías y continuar el trabajo, para continuar poniendo ladrillos en la ciudad que construyo.